Angel Gómez G.
Pareciera que detrás de un cirujano plástico casi siempre hay una mujer hermosa, y cuando no es así la esposa o compañera del profesional aparece como la contradicción, siendo muy pocos los que permiten que se presente al estar conscientes de que son los indicados para realzar o mejorar la apariencia normal de una persona.

También es el que está en condiciones de hacer operaciones reconstructivas, y lo que todos anhelan, impedir la destrucción de los encantos físicos por culpa de la vejez prematura, con un “peeling” que equivale a lijar o alisar la piel que es con lo que las personas de avanzada edad sueñan, procedimiento llamado también rejuvenecimiento facial.
Algunas personas que ya han llegado a la edad de las devastaciones físicas miran al cirujano plástico como si fuera la grúa capaz de levantar todo lo que se les ha caído por delante y por detrás.
Aquellos que tienen exceso de grasa piden la liposucción, las de poco por delante multiplastia para aumentar los pechos. Mientras que otras personas tienen audacia para cambiar de trasero y visión aguda para desaparecer las líneas de expresión.
Antigua
¿La cirugía plástica es nueva?. El doctor Javier Locano Botero, me dice que no: “De ninguna manera, se inició hace nada menos que unos dos mil años, cuando los cirujanos indúes comenzaron a utilizar injertos de piel para restaurar daños en la nariz o las orejas”. Hoy en día con los avances de la ciencia médica y el financiamiento de las operaciones, estas han quedado al alcance de cualquier bolsillo”.

Tuve la oportunidad de verlo de nuevo en su consultorio del edificio de la calle 22 número 4-70, en todo el centro de la ciudad de Pereira. Se trata del mismo hombre sencillo y disciplinado como el científico al cual le queda poco por saber.
De poca estatura, se ve más pequeño con la blusa suelta y sin mangas de médico que con el terno azul y la corbata de seda que suele lucir en la oficina del funcionario público y en las reuniones de carácter político y social.
Su “descomplique” me parece exagerado ya que no duda en poner a esperar a sus pacientes con turno, todas damas, para atenderme durante un buen rato.
Mira directo a los ojos de su interlocutor porque no tiene nada que ocultar. Su personalidad es transparente como el cristal, concepto de sus amigos.
Mueve su cuerpo con demasiada facilidad, y este levantarse constantemente de la silla para ir de aquí para allá y luego volver es su danza habitual.
De pensamiento rápido y de voz grave que corresponde a su masculinidad, da gusto escucharlo.
Las manos
Sus manos no son cualquier cosa para un hombre que como ya dije no es de estatura sobresaliente.
Sus manos con dedos largos, gruesos y fuertes me recuerdan las de Christiaan Barnard, quien al realizar el primer trasplante de corazón el 31 de diciembre de 1967 en el hospital Groote Schuur de la ciudad de El Cabo conmocionó al mundo y creó una aureola de popularidad a su alrededor, según se dijo en su momento.
Manos, las del doctor Javier Locano Botero que hacen maravillas en cualquier cuerpo que esté dispuesto a mejorar la apariencia, con la garantía de que no le tiemblan.
Detrás de este especialista, permanece una mujer bella entregándole cariño y dándole seguridad: se trata de su esposa Gloria Milena Montoya Cadavid.
El doctor Locano es de las alturas del Ruiz. Nació en la ciudad de Manizales cuando el nevado era más blanco.
Tiene una inteligencia heredada ya que su madre fue una enfermera de actitud samaritana y su padre un periodista que sacaba la cara por la verdad: Rosa María Botero y Pablo Locano.
“Sí Ángel, creo haber heredado el espíritu solidario que distinguió a mi mamá y la verdad, código dorado de mi padre”.
Este murió aún joven por un capricho del corazón que se detuvo a sabiendas de que le quedaba mucho pálpito. Ella, la madre, quiso hacer ausencia cuando la suerte le puso en el hogar un médico. Pero bueno, tras la satisfacción de ser su hijo el que la atendía y la auscultaba, murió sin lamentarse.
Mirando El Lago
Este cirujano cuenta que llegó a Pereira cuando apenas tenía 7 años de edad para sorprenderse gratamente con la primera fuentes luminosa que embelleció el Lago Uribe Uribe. Allí dizque ahogó la pena que le había causado la muerte del padre.
Después cuando detrás de él se fue la mamá para realizar el sueño que en vida tuvieron los esposos de eternizar el amor, se refugió en el Deogracias Cardona que no abandonó hasta culminar el bachillerato, saltando de aquí a la universidad.
Siempre estudiando y avanzando en conocimientos para una rutina del saber sin importarle la inquietud de los años mozos. Esto lo confirma una galería de diplomas y certificados que están a la vista en una de las paredes de su consultorio.
Gustándole como le gustan las mujeres, fue tras las diosas del amor hasta encontrarse con Gloria Milena, la única esposa que tiene para un amor tan agradecido que en vez de un premio Oscar les ha dado dos. Son los hijos: Pablo de 15 años y Sara de 11. “Son bellos porque para hacerlos a la madre naturaleza le ayudó un cirujano estético. “También yo, por supuesto”, interviene la esposa para ponerle una chispa de humor a la charla. Tampoco oculta que ha sido objeto de ciertos retoques del cirujano plástico. “Es mi deber hacerla más bella”, arguye él.
Otros cariños
Pero a Javier Locano quien le levantó montañas de cariño a Pablo Botero, el tío materno y segundo padre, también ha sido político.
“Del Partido Conservador por convicción y principios”. Amigo de verdad de Juan Hurtado Cano, hombre de procesión en Pereira y dirigente tan efusivo que abraza con facilidad a sus copartidarios y les extiende los brazos aunque no esté en campaña.
La militancia política llevó a este médico cirujano por los andurriales y malezas del sector público: “Director del Seguro Social de Risaralda en dos ocasiones, correspondiéndome concluir la obra del hospital del barrio Kennedy”.
Siendo director del hospital del municipio de Pueblo Rico se volvió un mar de lágrimas al ver la pobreza de los indígenas de la región.
Su rostro parece iluminarse de satisfacción al subrayar que, “es más lo que he recibido de la vida y de la sociedad pereirana que lo que les he dado”.
¿Doctor Locano, entonces el cuerpo puede con toda la cirugía estética que hay en las manos de un especialista como usted?.
- “Sí, se le puede mejorar todo, y con esto se le está dando seguridad a la persona y se vitaliza su psiquis”. Para ser honestos, tampoco se puede desconocer que el tiempo que se encarga de envejecer el cuerpo es el mayor destructor de la belleza, aún de la que se pone en el quirófano del cirujano estético.
Si alguien desea conocer las manos que hacen bellezas en el cuerpo humano, no tiene más que acercarse a la calle 22 o al centro de atención Ver Bien en la Avenida Circunvalar.